
Lo primero que recuerdo son unos rayos de sol entrando por mis pupilas, y la intensa presencia de unos seres extraños que me ahogaban en miradas. Me desperecé lentamente y con un poco de miedo, y giré de a poco mi cabecita con el deseo de ver algo conocido.
Allí estaba mi mamá, sobre una mantita verde que la abrazaba, y un bebedero con una capacidad mayor que su sed. La reconocí enseguida, pero ella no tuvo tiempo de verme porque su cansancio podía más que su voluntad.
Me sentí un poco más anidado, pero aún así no entendía por qué era el centro de atención. Se veían todos tan enojados...
Allí estaba mi mamá, sobre una mantita verde que la abrazaba, y un bebedero con una capacidad mayor que su sed. La reconocí enseguida, pero ella no tuvo tiempo de verme porque su cansancio podía más que su voluntad.
Me sentí un poco más anidado, pero aún así no entendía por qué era el centro de atención. Se veían todos tan enojados...
Sin que tuviera tiempo de darme cuenta, uno de esos seres de dos patas se acercó bruscamente a mi cuerpito recién nacido y me agarró, sin preocuparse si estaba incómodo, y mucho menos de cómo me sentía... ¡era todo tan raro! ¡Nada era tan cómodo como la pancita de mamá!
Una sombra negra me envolvió, y el único hilo de luz que se veía por entre las arrugas se hizo rápidamente invisible...
Mis párpados comenzaron a sentir el cansancio irreversible del silencio eterno. Mi cuerpito se rindió en esa bolsa oscura... hasta que comencé a vivir otra vez...
Este lugar ya no era como la primera vez que abrí mis ojitos... había otros perritos como yo que enseguida se acercaron a recibirme. ¡Por fin me sentía como en casa! Nuestros cuerpos eran igualitos, pero se veía algo muy diferente entre ellos y yo...
No podía entender qué era, hasta que uno de ellos se sentó a mi lado, y con una voz sabia y alegre -pero tranquila- me dijo: "Allá en el mundo no es todo tan malo. Hay personas como las que tuviste la desdicha de conocer, pero también hay quienes tuve la gracia de conocer yo. Ahí de donde vengo no se maltrata ni se grita, solo se enseña. Desde el primer día que llegué me llenaron de besos y abrazos, y siempre fui uno más de ellos. Me cuidaron con todo lo que podían... ¡de verdad me sentía importante! Conocí lo más glorioso de la vida: el amor, y crecí con él hasta los últimos días de mi vida."
Me quedé totalmente atónito... Y fue allí cuando pude formular mi único deseo: tener la posibilidad, solo una, de sentir que para alguien mi vida era esencial, y que no podía negarme la oportunidad de vivirla.
Una sombra negra me envolvió, y el único hilo de luz que se veía por entre las arrugas se hizo rápidamente invisible...
Mis párpados comenzaron a sentir el cansancio irreversible del silencio eterno. Mi cuerpito se rindió en esa bolsa oscura... hasta que comencé a vivir otra vez...
Este lugar ya no era como la primera vez que abrí mis ojitos... había otros perritos como yo que enseguida se acercaron a recibirme. ¡Por fin me sentía como en casa! Nuestros cuerpos eran igualitos, pero se veía algo muy diferente entre ellos y yo...
No podía entender qué era, hasta que uno de ellos se sentó a mi lado, y con una voz sabia y alegre -pero tranquila- me dijo: "Allá en el mundo no es todo tan malo. Hay personas como las que tuviste la desdicha de conocer, pero también hay quienes tuve la gracia de conocer yo. Ahí de donde vengo no se maltrata ni se grita, solo se enseña. Desde el primer día que llegué me llenaron de besos y abrazos, y siempre fui uno más de ellos. Me cuidaron con todo lo que podían... ¡de verdad me sentía importante! Conocí lo más glorioso de la vida: el amor, y crecí con él hasta los últimos días de mi vida."
Me quedé totalmente atónito... Y fue allí cuando pude formular mi único deseo: tener la posibilidad, solo una, de sentir que para alguien mi vida era esencial, y que no podía negarme la oportunidad de vivirla.
Escrito por el alma de la autora de este blog
el día Martes 13 de Enero de 2009
el día Martes 13 de Enero de 2009




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