
El solo hecho de pensar en ayudar a alguien más genera un debate bastante fuerte en la mayoría de las personas. Muchos se preguntan "¿y yo que gano?"... déjenme decirles que mucho.
Cuando uno se solidariza con el prójimo, no solo está colaborando en el futuro (o mejor dicho, en el presente) de otro ser humano, sino que los beneficios para consigo mismo son montones.
Las recompensas no siempre son tangibles, y son justamente las intangibles las que producen una satisfacción mucho mayor. Se llena el alma cuando apreciamos verdaderamente que una "simple" acción nuestra iluminó el camino de alguien más. ¡Las de cosas que podríamos hacer, entonces, con una ayuda más elaborada...!
Las recompensas no siempre son tangibles, y son justamente las intangibles las que producen una satisfacción mucho mayor. Se llena el alma cuando apreciamos verdaderamente que una "simple" acción nuestra iluminó el camino de alguien más. ¡Las de cosas que podríamos hacer, entonces, con una ayuda más elaborada...!
"Cuando iluminamos el camino de alguien...
también estamos iluminando el propio"
también estamos iluminando el propio"
Todo lo que brindamos a las personas nos llega como recompensa en algún momento de nuestra vida. A veces las situaciones y el pesimismo acostumbrado nos hacen pensar que esto no es así. Sin embargo, la solidaridad se proyecta de uno en otro solamente a través de las acciones, y de una cadena sin fin, la cual nosotros somos los responsables de continuar. No basta limitar las acciones a simples palabras... lo que, sin lugar a dudas, enseña al prójimo es lo que nosotros mismos somos capaces de transmitir a través del ejemplo... y nuestra propia vida.










