sábado, 23 de agosto de 2008

¿¢σмσ ѕє ¢ιєяяα υи ¢αριтυℓσ ιи¢σмρℓєтσ?

Hay veces en que las situaciones que nos toca vivir no ayudan a que cerrar un capítulo, una etapa en nuestra vida, sea una tarea fácil. Muchas páginas pueden quedar en blanco, como en suspenso... o con un punto final que no corresponde gramáticamente. Es como si algo faltara... un desenlace para la historia. Pero es así... así termina, o mejor dicho, así la han hecho terminar.
¿Qué pasa cuando sucede esto? No se puede simplemente 'dejar pasar' y continuar escribiendo, puesto que la historia no tendría coherencia. No termina un relato, y ya está empezando el siguiente, como con un punto y seguido.
En algún momento, mientras escribes y te detienes a releer las últimas hojas, te das cuenta que hay algo que no está bien. Algo falta para continuar escribiendo y terminar la historia. Pero la solución a esa 'incoherencia' está nada más que en tus manos; nadie más te puede (o quiere) ayudar. ¿Se saltea? ¿Se inventa? ¿Se borra la escena? ¿Se hace pasar desapercibido el espacio en blanco (aunque se nota que está)?
Por ahí si fuera escritora podria responder a esta inquietud, mas no lo soy. No sé cómo continuar escribiendo, y no sé cómo seguir adelante sin esos 'por qué'.
Mi historia está incompleta, y tal vez yo sea la única capaz de resolver esos espacios vacíos...

1 comentario:

  1. Es verdad que hay condicionantes para cerrar o no cerrar capítulos. Y también es cierto que cada uno de nosotros está capacitado (si lo desea de verdad) para completar esos espacios que no permiten el cierre. A veces necesitaremos de colaboración, a través de una palabra, un gesto, una mirada, una explicación, una disculpa, un te quiero, una sonrisa, y tantas otras cosas. Pero también a veces nos bastará con nuestra propia decisión o nuestra propia autoiluminación. Esa convicción interna que nos va a brindar la claridad que no teníamos en determinado momento.

    ResponderEliminar

¿Qué te pareció esta entrada? ¿Querés decir algo? Hacelo acá.